Un productor de aguacate en Antioquia lo dijo mejor que cualquier manual:

“Estoy gastando mucho y no veo el resultado.”

Es una de las frases más repetidas en el campo colombiano, y esconde un problema que casi nadie mide: una parte del fertilizante que usted compra nunca llega a la planta.

Los tres caminos por donde se pierde el fertilizante

1. Lavado (lixiviación)

El nitrógeno en forma nítrica es altamente soluble. Cuando llueve fuerte sobre un suelo con poca capacidad de retención, ese nitrógeno se mueve con el agua por debajo de la zona radicular.

2. Volatilización

La urea aplicada en superficie, sin incorporar y sin lluvia posterior inmediata, se transforma en amoníaco y se pierde a la atmósfera. Las condiciones que lo aceleran son: alta temperatura, suelo seco, superficie expuesta.

3. Bloqueo (fijación)

El fósforo es el ejemplo clásico. Dependiendo del pH y de la química del suelo, se combina con hierro, aluminio o calcio y forma compuestos que la raíz no puede absorber.

Lo que determina si el fertilizante entra o se pierde

Los tres mecanismos anteriores no dependen de la marca del fertilizante ni de la dosis. Dependen de la condición del suelo y del estado de la raíz.

Y específicamente de tres factores:

Materia orgánica

Es lo que retiene los nutrientes en el perfil y los libera gradualmente. Un suelo con materia orgánica funciona como una despensa. Un suelo sin ella funciona como un colador.

Actividad biológica

Los microorganismos del suelo mineralizan, solubilizan y ponen a disposición nutrientes que de otro modo quedarían bloqueados.

Volumen y profundidad de raíz

Una raíz superficial explora un volumen pequeño de suelo. Aunque el nutriente esté disponible, si la raíz no llega hasta él, no existe.

Traducido: usted no tiene un problema de cantidad. Tiene un problema de eficiencia.

Por qué esto empeora en un año de El Niño

En condiciones de baja humedad, dos cosas ocurren simultáneamente.

Primero, el nutriente se mueve menos. El transporte de nutrientes hacia la raíz depende del agua del suelo. Sin humedad suficiente, el nutriente puede estar disponible químicamente y aun así no llegar a la superficie de la raíz.

Segundo, la raíz explora menos. Una planta bajo estrés hídrico reduce crecimiento y actividad radicular.

Resultado: usted aplica lo mismo, y una fracción menor entra a la planta.

La cuenta que vale la pena hacer

Tome papel. Responda tres preguntas sobre uno de sus lotes:

  1. ¿Cuánto invierte por hectárea al año en fertilización? (producto + transporte + aplicación)
  2. ¿Cuántas toneladas por hectárea produjo la última cosecha?
  3. ¿Cuánto invirtió por tonelada producida? (dividir 1 entre 2)

Ese tercer número es su costo real de fertilización por unidad de producto. Es el único que importa.

¿Ese número ha subido o bajado en los últimos cinco años?

Cómo se mejora la eficiencia sin subir la dosis

  1. Corregir la compactación. Una raíz que no puede bajar no puede absorber.
  2. Aplicar en el momento correcto. Ajuste el calendario al clima, no al almanaque.
  3. Fraccionar. Dosis más pequeñas y más frecuentes reducen las pérdidas por lavado.
  4. Reactivar la biología del suelo. Es la palanca de fondo. MICROCELL® de LABGAE trabaja en este punto.

MICROCELL es una solución organomineral basada en microalga viva Chlorella vulgaris. No reemplaza su fertilizante. Trabaja sobre la condición que determina si ese fertilizante rinde.

El cambio de pregunta

Durante décadas la conversación en el campo fue:

“¿Cuánto fertilizante aplico?”

La conversación que hoy separa a un lote rentable de uno que no lo es:

“¿Cuánto de lo que aplico realmente entra a la planta?”

No necesita gastar más. Necesita que cada aplicación produzca más.

Evaluación de eficiencia sin costo

Nos cuenta su cultivo, su plan actual de fertilización y su rendimiento. Un agrónomo de LABGAE le devuelve un análisis de dónde se le está yendo el producto y qué ajustar.

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